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‘Dios no te quiere’: Un culto cristiano que acabó en manifestación por los derechos LGBTQ+

‘Derechos sí, fundamentalismos no’ en Cuba

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El escritor y activista Manuel de la Cruz (Foto cortesía de Lisbeth Moya)

Tremenda Nota es el socio mediático del Washington Blade en Cuba. Esta nota salió en su sitio web el 6 de junio.

LA HABANA — Esta tarde, dos pájaros tomados de la mano, una gorda, un iyabó y una negra con cara de pocos amigos, somos el estorbo.

Ella lo sabe y le pide a Dios para que no seamos una piedra en el buen camino. Intercede, como toda guerrera espiritual, en alta voz, para que su rezo nos sirva de lección.

La negra y yo estamos hasta la coronilla de recibir pullas. Los dos pájaros, que están de manos un poco más a la derecha, no logran distinguir lo que habla la señora que reza en alta voz.

La señora exhibe un pulóver con un mensaje cristiano. Me lo deja ver, como combatiendo mi abanico multicolor y las manos tomadas de los pájaros, que se llaman Maykel y Osmel.

Claudia, la negra, prefiere reírse para no estallar cuando la señora dice cosas como “Dios, doblega a tus enemigos, barre con todo lo que no sirva”. No nos deja oír al predicador.

Osmel tampoco puede oírlo, pero en su caso otra voz cercana es la culpable. Un señor a su lado, intercesor también, practica la glosolalia, una práctica común del pentecostalismo que consiste en entrar en éxtasis espiritual y hablar un vocabulario nuevo y sin traducción, asumido por los creyentes como “la lengua del espíritu”.

Un muchacho viene a nosotros para invitarnos a participar en la liturgia. Le agradecemos el gesto. Se retira, sigiloso. Hace dos minutos conversó con Lisbeth, la gorda. Le propuso lo mismo. Indagó sobre su vida, sobre su cámara y sobre su perra. Lisbeth preguntó sobre los motivos de la celebración, las edades de los presentes, sobre cómo vencían el temor al espacio público.

A una pregunta de ella, le dice que los cristianos no tienen ningún problema con “esa gente”. Se refiere a las personas LGBTIQ+. “De hecho, allá atrás hay cuatro”, y señala despectivamente en dirección al iyabó, los otros pájaros y la negra.  

El iyabó soy yo, Manuel de la Cruz. Todo lo que llevo es blanco menos el collar de Yemayá y un abanico con los colores del arcoíris.

Claudia recibe una llamada y dice que tiene que irse. Sin querer, dejé de oír al predicador, pues hay un evento contiguo que se roba mi atención. Un balón de fútbol rompe la membrana del círculo cristiano en varios momentos. Golpea y tumba la bicicleta de un “hermano”, entra por los pies de uno de los músicos del culto.

Unos metros más atrás del predicador, unos 14 chicos ondean sus rabos sin disimulo bajo la ropa, mientras sus piernas juegan a las fintas, cambios y patadas de balón. Mis ojos van con ellos, y vuelven solo de vez en cuando a mirar al líder del evento religioso.

Hay varios evangélicos hermosos, altos, en su mayoría bien vestidos. Jóvenes con barbas incipientes y bocas de pocos besos. Lisbeth está conversando con otro de ellos, uno de los más lindos.

“Mis hermanos”, dice el pastor, “tomen la mano a quien tenga al lado, abrácelo, pongan la mano en el hombro, y unámonos todos los presentes para orar”.

Los cristianos que nos rodeaban, con mucha timidez, prefirieron avanzar unos metros, correrse a la derecha, a la izquierda, a cualquier lado, para cumplir el mandato del predicador. Nadie les ofreció una mano a los pájaros. Nadie abrazó a los pájaros. Como si Dios no los quisiera.

Las terapias pentecostales para dejar de ser gay 

En la iglesia de las Asambleas de Dios de Santiago de Cuba, había un servicio de atención diferenciado para las personas que parecían LGBTIQ+. Un grupo de líderes-terapeutas detectaban a los muchachos “amanerados” y los sometían a una disciplina especial.

Osmel Padilla Hernández lo vivió en su adolescencia. El líder de jóvenes, un diácono y algún ministro laico, seleccionado en calidad de testigo, llamaban al detectado para someterlo a interrogatorio. Buscaban las causas de su “amaneramiento” y “homosexualidad”.  

Hurgaban en su historia familiar. Querían encontrar un tío que lo hubiera abusado sexualmente en la infancia. Buscaban una ausencia de “patrón masculino” que lo hubiera inclinado por fuerza a las maneras femeninas. Buscaban infructuosamente. En lo que aparecía una causa más precisa, se debatían entre la doctrina de la posesión demoníaca y los peligros de asociarse con personas homosexuales.

Osmel cree hoy que lo hubiera pasado mejor en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Allí estuvo hasta que el aburrimiento en la liturgia, y la poca apertura a prácticas carismáticas, lo hicieran huir a las Asambleas de Dios.

“Al menos, en la iglesia adventista, no me hubieran dicho que era gay por culpa de un demonio, pues ellos no creen en eso. Allí me hubieran reclamado fidelidad a mi pareja o una conducta sexual bien moderada”, dice Osmel, que no sabía lo que el destino le deparaba.

La terapia de conversión a la que fue sometido en las Asambleas incluyó varias regulaciones y prohibiciones. Cero contacto con otros “amanerados” de la propia iglesia. El banco donde Osmel se sentaba a escuchar las prédicas en los cultos dominicales, era el banco de Osmel solamente. Sus amigos, confinados por los líderes a otro sitio más distante, se resignaban a enviarle miradas compasivas.

Las reuniones con los ministros persistieron, y aquel muchacho de 17 años que quería adorar y servir a Dios, tenía que rendir cuenta de sus pensamientos e instintos sexuales a los líderes. Cero salidas con hermanos que no se mostraran lo suficientemente heterosexuales como para serle tropiezo. Le impusieron tutores masculinos para que absorbiera un poco de toda la testosterona del cielo. Para ser como Cristo, hay que ser tan macho como sus siervos en la Tierra.

Sus amigos, algunos de ellos “amanerados”, entendidos como pájaros por los pastores de jóvenes, tuvieron que bloquear a Osmel de sus redes sociales. Debió dejar de visitarlos, de abrazarlos, de expresarle su cariño.

Condenado a una soledad y discriminación sin precedentes en su vida, se convirtió en un adolescente triste con constantes dudas sobre el verdadero Dios, sobre el carácter amoroso del que tanto le predicaron. Roto, sin deseos de desechar al Dios que él había conocido, abandonó las terapias, los diáconos, las Asambleas, y hasta la ciudad de Santiago de Cuba, en agosto de 2019.

Llegó a La Habana como un migrante más, y buscó a Dios en otra iglesia. Los bautistas libres le abrieron las puertas. A los pocos meses le abrieron el teléfono, y descubrieron sus conversaciones con otros hombres. La historia se repitió en otro contexto y con otros protagonistas.

Sin amigos ni contactos, fue rodando en busca de un sitio para homosexuales de fe, homosexuales que quisieran ser tan cristianos como homosexuales. Su fe mutó. Su vida entera había cambiado.

Osmel Padilla actualmente es un judío devoto que espera el sábado de cada semana, Janucá en diciembre, y la fiesta de Pesaj, que celebra la liberación del pueblo de Israel de su esclavitud de Egipto.

Vive con su novio Maykel. De manos con él llegó a la Piragua en la tarde del domingo 5 de junio, donde muchos de sus conocidos, quienes le profesaron amor y posteriormente rechazo, adoraban Dios y le lanzaban miradas de desconfianza.

‘Me molesta verlos de la mano en la calle’

El primer minuto en el que estoy al lado de Lisbeth, me limito a escuchar su conversación con el trigueñito bonito de pocos argumentos. Me parece conocido.

Lisbeth pone en la mesa el debate sobre el matrimonio igualitario. El muchacho se aturde. Entro en la conversación y me asumo como gay, cosa que no es necesaria pues mi vestimenta y abanico son un discurso. El muchacho me esquiva, no me quiere mirar y mucho menos responder. Ofrece una excusa y se marcha. Lo veo como asume su sitio junto a los líderes del evento. Era uno de ellos.

Me insulto, y voy en busca de Maykel para contarle la hipocresía aquella. A Lisbeth Moya, una mujer heterosexual, han venido varios evangélicos a predicarle. A nosotros, los pájaros, solo uno nos ha invitado, y este, ahora me esquiva.

Caminando hacia donde están Maykel y Osmel, escucho al predicador. Me quedo absorto. Abro mi abanico, y desde esa altura, acaparo la atención de todos y la mirada del pastor, quien me fija los ojos y dice: “Es penoso que tengamos que encontrarnos en la calle a tantas personas que les gustan personas de su mismo sexo. Me molesta ver cómo está proliferando todo este movimiento de homosexuales, tener que verlos de mano en la calle”.

Estallé. La impotencia de Maykel es igual o mayor que la mía. Rompió la barrera uniforme circular, detrás de él, Osmel y yo. En solo segundos, un judío, un iyabó, un ateo, los tres, pájaros, estábamos en el centro de aquella circunferencia fundamentalista. No sabíamos todo lo que vendría.

El bebé Jesús 

Cuando yo tenía dos meses de edad, actué por primera vez. Hice el rol del bebé Jesús en el pesebre. Mi debut sucedió en una iglesia bautista del Cotorro. Una década después, ya en una iglesia pentecostal del mismo Cotorro, empecé a orar por mis pensamientos homosexuales.

Tres años después, desestimé la teoría del demonio, pues hijo de cristiano es cristiano, y un verdadero cristiano no brinda morada a otro ente que no sea el Espíritu Santo. A los 13 años ya practicaba la glosolalia. Al igual que Osmel, caía al suelo ante la imposición de manos. Había visto situaciones paranormales producto de la sugestión, y había sido víctima de represión homosexual.

Me había enamorado de Adrián. Recostaba la cabeza en su hombro en cada culto hasta que fuimos reprendidos severamente. A los 18 ya predicaba en el templo, en las casas y en la calle. A esa edad recibí mi credencial de ministro laico en el templo principal de las Asambleas de Dios del Cotorro.

Estudiante de teología, hice dos cursos en uno, hasta hacerme profesor mientras todavía era estudiante. Me gradué de traductor de griego koiné neotestamentario en febrero de 2012, y seguí como maestro. Al mismo tiempo, cuando fungía como líder de música en mi propia iglesia, me nombraron presidente presbiterial del departamento de música que abarcaba las iglesias pentecostales del Cotorro y San Miguel del Padrón.

Predicaba en eventos, y fui jurado de otros, además de maestro, conferencista, payaso y teólogo soteriológico o apologético. No hubo joven o adulto en las Asambleas de Dios de La Habana que no conociera a Manuel de la Cruz.

A los 20 años no pude con tanta represión e hipocresía. Senté a mi madre y le confesé que llevaba tiempo luchando con pensamientos y prácticas homosexuales. Mi madre me dio dos opciones, “el maletín verde o el negro”. Me fui de la casa. Me reuní también con los líderes de mi iglesia y de presbiterio, y les dije que, por no querer llevar una doble vida, entregaba mis cargos, pero no renunciaba a la fe ni a la asistencia eclesiástica.

Ellos indagaron como buenos espías. Descubrieron mi homosexualidad y la expusieron públicamente en una reunión dominical. Mi madre estaba presente, y tuvo que oír al pastor Ángel Toledo, secretario nacional de las Asambleas de Dios en Cuba, decir que el hermano Manuel de la Cruz tenía prohibida la entrada a la iglesia por “haber asumido conductas sexuales desviadas de la voluntad de Dios y juntarse con personas mundanas y homosexuales”.

La cacería comenzó. Yo quería seguir a Cristo. Como Juan, como Pablo, a pesar de ser gay. Yo quería conservar a los buenos amigos que había hecho, pero la iglesia condicionó la membresía de ellos si seguían hablándome o tratándome. Dos amigos fueron expulsados por no rechazarme. Otra fue puesta en disciplina un año, medida que te impide tomar participación en la liturgia o en la dirección de un culto. Más de 50 casas se cerraron para mí, además de la casa de mi madre.

Amigos pecadores, impíos, vagabundos y desechados, como aquel samaritano de la parábola, me dieron alojamiento, comida y limpiaron las heridas que los fariseos abrieron en mi alma.

Un año después quise volver a los caminos del Señor. Las condiciones no habían cambiado. Fui a otra iglesia, pero la medida se había extendido desde mi anterior iglesia a otras comunidades de las Asambleas de Dios. Quise al menos recuperar a mis amigos, y los líderes ratificaron sus amenazas. Me dedicaron sermones, series de sermones y cultos especiales. No decían mi nombre, pero tampoco hacía falta.

Mi fantasma rondó las Asambleas de Dios durante años, hasta que yo decidí viajar con mi fe por la vida, y unir los principios allí adquiridos con otros de las religiones afrocubanas.

Quedan personas que me conocen y conocen esta historia. Algunos han hablado de errores, otros prefieren callar. Algunos de ellos estaban en la Piragua, abrazados, orando a Dios, orando como yo les enseñé. Los identifiqué enseguida que llegué.

Me miraron y no vinieron a saludarme porque ahora soy un iyabó abiertamente homosexual, objeto de la ira de Dios, de sus siervos, de la Seguridad del Estado y de la memoria histórica de las Asambleas de Dios.

‘No es un demonio, soy yo’ 

“Derechos sí, Fundamentalismos no”, repite Osmel, rasgando su garganta, desde el centro del parque. “Igualdad de derechos, sí al matrimonio igualitario”, coreamos Maykel y yo.

Al menos por dos minutos reina el desconcierto entre los alrededores de 200 cristianos reunidos. No saben qué hacer. Alguien nos intercepta. Nos zafamos. Seguimos voceando consignas, reivindicando los derechos del colectivo LGBTIQ+. Cogemos calma y queremos hablar, pero no nos dejan. Los líderes indican cantar. Deben acallar nuestras voces. Empiezan con himnos que, más que alabanzas, son consignas guerreras.

“Oigo cadenas caer”, dice una de las plegarias. La conozco, Osmel también. No atino a nada. Osmel ondea en alto el abanico que ya me ha quitado de la mano, mientras canta aquello con más fuerza que el mismo pastor.

El muchacho que me negó la palabra, canta a viva voz desde una esquina. Las intercesoras comienzan a reprender a los demonios, rodean el lugar de un lado a otro, pidiendo ángeles que frenen aquello. Alguna va hasta la patrulla que vigilaba a pocos metros. Los policías no intervienen.

Maykel y yo no oímos nuestras propias voces. La bulla, a voz prima, es ensordecedora. Osmel trasmite en vivo, quiere inmortalizar el deber que tuvo con él mismo, durante años, de sacar toda la furia del dolor que le hicieron pasar. Nos callamos unos segundos, y entre el fin de un canto a otro, decido que, aunque me quede afónico, debo llegar a la gente. Tengo una historia que contar.

“¡Ustedes me separaron de mi madre, de mis amigos!”, les digo y señalo a mis conocidos. “Él me conoce, sabe que lo que digo es verdad”.

Empiezo a captar la atención de algunos, mientras veo que se abalanzan sobre Maykel para retirarlo del centro. Maykel no cede. Tampoco Osmel, que ha decidio gritar su historia también.

Osmel reconoce allí caras del pasado, y las confronta directamente. Hay un grupo de personas que mecánicamente repite los cantos y esquivarnos la mirada. Hay otros que callan, nos oyen. Algunos se asombran y otros muestran interés.

Los líderes tratan de sacarnos del centro. Nos sugieren insistentemente irnos a una esquina a conversar. “¡No, su pastor nos ha ofendido!” es la respuesta.

“¡Te reprendo en el nombre de Jesús!”, dice el pastor. Espera que baje un rayo y me dé un punto en la boca, pero eso no sucede.

“No me reprendas que no es ningún demonio el que está aquí, no es Yemayá”, le respondo. “Soy yo, un cristiano que ustedes desecharon”.

Solo podemos gritar, no porque queramos imponernos, sino porque cada vez nuestros argumentos son más filosos y lapidarios. Ponemos en tela de juicio cada palabra dicha. La experiencia es nuestra base. El temple de Maykel nos acompaña y anima.

Los cristianos no han roto su circunferencia, solo entran a acompañarnos los líderes. Desde los bordes, muchos graban, otros se ríen, algunos lloran. Una chica dice que “es mucho para ella”, y pide que le busquen un médico. Se desmaya. Lisbeth les da consejos para reanimarla, pero ella es anatema y la ignoran.

Mi garganta no da más, pero he contado mi historia. Viene gente que siente culpa. Sienten culpa con Osmel. Sienten que han excluido eternamente a Maykel, que era católico en su infancia y recuerda haber oído al cura ofender a una persona homosexual presente en la misa.

Ya no les quedan cantos. Pensaron que Dios no permitiría que venciéramos. Somos los demonios. En una actitud espontánea, la mayoría de los presentes se hinca de rodillas para suplicar con más vehemencia.

Recuerdo en ese instante cuántas veces estuve de rodillas, y cuántas veces después de declararme gay quise visitar una iglesia para hacerlo nuevamente. Me arrodillo ahora. En el centro del círculo. Ellos no se lo esperan. Imponen manos sobre mí. “No voy a manifestarme con ningún demonio, no es necesario que me impongan manos”, les digo.

Osmel es un alma libre que ondea el abanico y danza al compás de los cantos bélicos. Ellos no entienden. Un excompañero de iglesia se le acerca y le dice que no es justo que haga esto. Osmel piensa en la justicia, y recarga su ira y frustración: “¡No es justo lo que ustedes me han hecho a mí, ustedes jodieron mi vida, y lo están haciendo ahora mismo con otros jóvenes como yo!”

Ya he gritado toda mi historia, y los líderes del evento han venido a mí, consternados por ella. He dicho nombres conocidos, cargos conocidos. Un muchacho de mediana estatura se me acerca.

“Discúlpame, todo esto es culpa mía, quiero pedirte perdón por todo lo que te hicieron. Quiero pedirte perdón por lo que habló el predicador. Yo soy el organizador del evento, y me tocaba predicar a mí. No debí cederle el puesto a él. Si yo hubiese predicado, jamás los hubiera tratado así”, dice.

Hay quien con más firmeza ordena a Maykel que se calle. Que en el nombre de Jesús se calle, que deje avanzar la celebración. “¡Este culto ya se acabó!”, responde, y no saben qué decir.

Señalo al muchacho que me rechazó y grito todo lo que hizo. Él se escabulle entre la multitud.

Los muchachos siguen jugando fútbol, luego de detenerse un momento. Pero ya no me percato de sus rabos ondulantes ni de sus sudores de hombre. Ya las barbas incipientes y las bocas de pocos besos me asquean. Todos han disfrazado, al estilo pentecostal, su homofobia en santidad.

Alguien convence al pastor. Viene a disculparse, pero tiene cero coherencia y queda preso en el desastre ante nuestros argumentos. Se dice y se contradice. Se disculpa y se marcha.

Ordenan detener el culto. Me entero porque un líder se lo susurra a otro. Tal parece que la policía se hartó del intercambio, pero algunos no quieren dejar morir el momento. Quieren hacerlo suyo. Alguien me ofrece su ayuda para cambiarme. Me dice que Dios puede enseñarme a no practicar más la “homosexualidad”.

“Yo no practico la homosexualidad, yo soy homosexual. Tú no practicas la heterosexualidad, tú eres heterosexual”, le explico. “¿Alguien aquí decidió ser homosexual o heterosexual?”

Líder tras líder han venido. Uno se acerca a Maykel y lo confronta a gritos. Soberbio, el pájaro lo deja sin habla. “¡Dios no te quiere!”, grita. El cristiano se ríe. “No te quiere por excluir”. El pájaro les ha mostrado al Dios que ha recibido, y se los da de vuelta.

La multitud va desintegrando el círculo. Se nos acercan con lágrimas en los ojos. Una mujer piadosa abraza a Maykel. Un amigo le dice a Osmel que lo ama, y le da un beso y un abrazo que dura mucho rato. A mí nadie me quiere tocar. Yo no quiero cariño ahora. Yo quiero derechos, respeto, igualdad. Todo lo que ellos no quieren para nosotros.

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Lanzamiento de servicios de crisis 24/7 para juventud LGBTQ+ en México

“Con énfasis en la competencia cultural y comprensión de las experiencias de vida de la comunidad y la juventud LGBTQ+ en México”

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TIZAYUCA, México — Mateo parece ser un chico adolescente promedio, al menos en su apariencia externa y amor por el fútbol, como es conocido el “soccer” aquí. Pero, él mantiene una profunda parte personal de sí mismo. “mi verdadero yo”, lejos incluso de sus amigos más cercanos y familia, solamente despojándose de su capa protectora en sus incursiones de fin de semana a La Zona Rosa de la Ciudad de México, un vecindario que es el centro de la vida LGBTQ+ en la capital mexicana, a una hora y media de distancia.

Mateo es gay y su familia es homofóbica como lo son muchos de sus amigos locales y conocidos en Tizayuca, donde él vive.

El estrés y la angustia de ser gay pueden ser a veces abrumadores, dice, aunque subrepticiamente puede escapar estando en casa cautivado viendo contenido LGBTQ+ en Netflix y otras plataformas. Aún con esto, Mateo dice que ahí están esos momentos en los cuales no sintió nada más que desesperación, impotencia y en donde no hay nadie con quien hablar.

Fueron sus viajes al vecindario de La Zona Rosa y sus amigos LGBTQ+ en línea en instagram quienes lo salvaron más de una vez en esos sombríos intervalos. No obstante, el dice que una manera de conectar con consejeros es urgentemente necesitada, especialmente en lugares de su país donde la juventud LGBTQ+ no tiene acceso a un vecindario gay ni a un sistema de apoyo comunitario.

Para Mateo y otro sin número de jóvenes LGBTQ+ en los 32 estados que conforman México que no tienen un espacio central seguro y personas que entiendan que hay cambios, el 11 de octubre, Día para salir del closet, The Trevor Project anunció el lanzamiento oficial de su servicios de crisis digitales 24/7, confidenciales, gratuitos para la población LGBTQ+ joven del país. 

Por primera vez en sus 25 años de servicio a la juventud LGBTQ+, Trevor ha expandido sus servicios de intervención de crisis para la juventud LGBTQ+ fuera de los Estados Unidos. De acuerdo con las cifras oficiales de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG), el 28.7% de la población LGBTQ+ de méxico ha pensado o intentado suicidarse en algún momento de su vida, y al igual que en Estados Unidos, el suicidio es la segunda causa de muerte más común entre personas jóvenes en México.

Los Angeles Blade tuvo la oportunidad de hablar con Jess Leslie, encargada de los Servicios de Crisis Digitales Internacionales del Trevor Project. Leslie le comentó que el trabajo de campo para construir el nuevo Trevor Project México con sede en la Ciudad de México puso su énfasis en la competencia cultural, reconocimiento de la necesidad de una estructura empresarial integrada empleada por medio de mensaje de texto, WhatsApp y chat en línea. 

En cuanto al enfoque de participación con la juventud LGBTQ+ en el país, Leslie dijo que fue un equipo “de todo México” compuesto por consejeros de crisis “que vienen de un lugar culturalmente humilde”.

Leslie reconoció que existen deficiencias en el acceso a las comunicaciones por internet a través de México, ya que según un estudio realizado por la Universidad de Stanford en 2021 se encontró que habían más de 90 millones de usuarios de internet, esto es aproximadamente el 71 por ciento de sus habitantes, no obstante, los puntos de acceso eran más limitados en los estados más rurales. Sin embargo, señaló que al establecerse a través de los tres principales medios de comunicación como mensajes de texto SMS, WhatsApp y el “TrevorChat” en línea, la juventud LGBTQ+ tendrá los medios para comunicarse con los consejeros.

Ofreciendo un espacio seguro y con personal completamente mexicano LGBTQ+ liderado por Edurne Balmori, Directora Ejecutiva de El Proyecto Trevor México, cuyo currículo profesional destaca por sus numerosos reconocimientos  y poderosa trayectoria en los negocios, el equipo de 55 miembros en el país el cual incluye a 35 consejeros de crisis experimentados, podrá tener un impacto positivo, señaló Leslie.

Agregó que The Trevor Project México se apoyará de un modelo basado en voluntariado en el cual los consejeros se someterán a un extenso entrenamiento e implementarán un modelo de apoyo de crisis basado en evidencia.

“El énfasis está en la competencia cultural y la comprensión de las experiencias de vida para la comunidad LGBTQ+ y los jóvenes de México” agregó Leslie.

En un comunicado de prensa para anunciar el proyecto el pasado martes, Balmori dijo; “Hoy celebramos la activación de nuestros servicios en México, dando inicio a lo que esperamos sea un movimiento social global en torno a la prevención del suicidio. Para muchos jóvenes LGBTQ+ en el país, el expresarse por sí mismos y simplemente ser quienes son, puede poner su seguridad física y bienestar mental en riesgo. En The Trevor Project México, nos esforzaremos por acabar con el estigma en torno al tema de la salud mental, proveer a los jóvenes LGBTQ+ con un espacio seguro y confiable y, en última instancia, salvar vidas”.

“Es increíblemente inspirador nuestra visión de proveer nuestros servicios de crisis para la afirmación de vida a personas LGBTQ+ jóvenes más allá de EE.UU haciéndose realidad hoy con nuestro lanzamiento en México. Esta es un hito importante en nuestro objetivo de poner fin a la crisis de salud pública global de suicidios de jóvenes LGBTQ+” dijo Amit Paley, CEO y Director Ejecutivo de The Trevor Project. “The Trevor Project está comprometido a construir un mundo donde cada una de las personas LGBTQ+ jóvenes tiene acceso a recursos que afirmen quienes son, y no podríamos estar más optimistas acerca del impacto que vamos a tener en esta travesía para apoyar a más personas LGBTQ+ jóvenes alrededor del mundo”.

Según Leslie, lo más importante es que los jóvenes LGBTQ+ tengan la oportunidad de acceder a todos los servicios que tiene The Trevor Project.

En el comunicado de prensa, Trevor resaltó que está aprovechando sus relaciones con varios de sus socios corporativos y tecnológicos existentes para permitir y apoyar este trabajo internacional.

Cabe resaltar que Google.org anunció una subvención renovada de 2 millones de dólares, esta semana, diseñada específicamente para ayudar a ampliar la labor de salvamento de The Trevor Project para nuevas zonas geográficas. Esta subvención haría a Google.org el principal financiador de la labor internacional de la organización.

Adicionalmente, The Trevor Project, fue capaz de construir y personalizar su plataforma de servicios de crisis para México usando Twilio Flex.

En una entrevista de la pasada primavera con NBC News, cuando los ejecutivos de Trevor anunciaron la expansión a México por primera vez, Cristian Gonzalez Cabrera, quien investiga derechos LGBTQ+ en latinoamérica para The Human Rights Watch, le dijo a NBC, que todavía queda “mucho por hacer” y que la expansión de The Trevor Project a México iba a ser “muy bienvenida”.

“Los avances legales no siempre se traducen en avances sociales o de vida para las personas LGBTQ+ en la región”, dijo Cabrera refiriéndose al hecho de que el matrimonio del mismo sexo ha sido legalizado en al menos una docena de los 32 estados de México. “México se mantiene como un país conservador en ciertos aspectos y regiones, y las personas LGBTQ+ continuan experimentando todo tipo de discriminación en todos los sectores de vida, ya sea en la educación, atención médica, el mércado laboral, étcetera.

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Ni insultos ni amenazas impiden desfilar a la población LGBTQ+ en Honduras

Se celebran el 201 aniversario de la Independencia del país

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Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 15 de septiembre.

TEGUCIGALPA-SAN PEDRO SULA, Honduras — A pesar de las amenazas repetidas durante toda la semana de impedir la participación diversa en los desfiles patrios, las poblaciones LGBTI+ de las principales ciudades de Honduras se hicieron presentes hoy en las marchas para celebrar el 201 aniversario de la Independencia del país. 

Tanto en Tegucigalpa como San Pedro Sula, integrantes de organizaciones diversas hondureñas hicieron el recorrido desde el final del bulevar Morazán hasta el Estadio Nacional, en la capital Tegucigalpa, y desde la tercera avenida y séptima calle hasta el Estadio Morazán, en San Pedro Sula.

Bajo el brillante sol de la capital de Honduras, organizaciones LGBTI+ como Kukulcán, Arcoíris y Muñecas de Arcoíris marcharon mientras a su lado también lo hacían las bandas marciales de los institutos capitalinos de secundaria.

“No podíamos faltar”, dijo Pepe Palacios sobre la participación de la diversidad sexual en los desfiles por los más de doscientos años de emancipación política. “Hemos estado desde el 15 de septiembre de 2009, la población LGBTI se manifestó en contra de golpe de Estado. Tenemos 13 años de hacerlo”.

En el evento no faltó el brochazo político de los grupos de apoyo al Partido Libre y a la presidenta Xiomara Castro, quienes llegaron armados de las conocidas banderas rojas de su instituto político.

Mientras tanto, en San Pedro Sula, hacia las diez de la mañana el desfile parecía pertenecer exclusivamente a Libre y a los colegios de secundaria como el instituto José Trinidad Reyes.

Pero en San Pedro Sula no sólo se escucharon los ritmos de moda al son de los tambores y las liras. En medio de las bandas de los colegios se pudo ver a pequeños grupos de garífunas que interpretaron sus ritmos ancestrales.

En esta ciudad del norte de Honduras había dos escenarios, uno frente al parque central y otro en la Plaza de las Banderas, en el estadio Francisco Morazán, donde el alcalde Roberto Contreras y otros funcionarios estaban sentados.

Las organizaciones LGBTI+ de Tegucigalpa impusieron su presencia en los desfiles. Llegaron ondeando banderas diversas al estadio Nacional desde las ocho de la mañana.

Políticos + LGBTI + feministas

En el estadio Nacional en Tegucigalpa se hallaba el estrado principal ocupado por la presidenta Xiomara Castro junto a reconocidos funcionarios de su gobierno, como su esposo Mel Zelaya, su hijo Héctor y el presidente del Congreso Luis Redondo.

En la capital, lxs integrantes de los colectivos diversos de la capital desfilaron llevando con orgullo las banderas y otros distintivos que lxs representan.

Además de los grupos diversos de Tegucigalpa, en el desfile de Independencia estuvieron presentes lxs integrantes de las organizaciones feministas como Somos Muchas. Lxs feministas acudieron al evento llevando en sus muñecas coloridos distintivos y pañoletas verdes.

Para el miembro de la población diversa Ricardo Montes, la participación LGBTI+ en los desfiles “es importante porque pertenecemos a la población hondureña”.

Además, Montes le pidió a la juventud que no tenga miedo de ser quienes son

Los colectivos trans pusieron el color en el desfile con palillonas vestidas de rosado que marcharon bajo el sol ardiente mientras agitaban pompones blancos y de otros colores. 

Lxs miembrxs de Asociación Kukulcán cargaron enormes pancartas con mensajes antiodio, de visibilización para sus colectivos y de lucha en pro de una sociedad desprejuiciada.

Les tiran de todo

La mala nota del día ocurrió alrededor del mediodía, cuando representantes de las organizaciones de la diversidad sexual comenzaron a entrar al estadio Nacional de Tegucigalpa. 

A esa hora, desde las graderías, grupos de militantes antiderechos comenzaron a tirar bolsas de agua, botellas de refrescos, bolsas de basura y otros objetos contra las comitivas LGBTIQ+ mientras desfilaban alrededor de la cancha del estadio.

A pesar de los ataques de los reducidos grupos antiderechos, la mayoría de las y los presentes en el estadio aplaudieron y vitorearon a lxs miembrxs de las comitivas de la diversidad sexual que hicieron su entrada al estadio con orgullo y dignidad.

Las palillonas de las asociaciones trans de la capital continuaron su desfile sin inmutarse por los ataques de los grupos antiderechos que no lograron reducir el ánimo de las comitivas LGBT ni afear el evento de Independencia.

El equipo de Reportar sin Miedo intervino durante lo peor de los ataques antiderechos y les llamó la atención para que dejaran de lanzar objetos y gritar improperios en contra de los grupos diversos.

En resumen, podría decirse que fue mayor el apoyo brindado por el público que los actos vergonzosos en contra de las organizaciones LGBTIQ+ que tuvieron la valentía y el orgullo de desfilar en al celebración de los 201 años de Independencia de la patria.

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Mujeres trans de Honduras se unen en busca del cambio de nombre

USAID ha proveído asistencia técnica a los activistas

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Ilustración de activistas trans en Honduras (Cortesía de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta nota salió en su sitio web el 24 de agosto.

TEGUCIGALPA, Honduras — Para recibir un taller de trabajo de incidencia en el cambio de nombre en Honduras, organizaciones trans del país, con acompañamiento técnico de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), acudieron a un hotel capitalino.

La directora de Asociación Feminista Trans (AFET), Viena Ávila, explicó que el programa incluye la iniciativa de la comitiva para tratar asuntos políticos y varios temas como la identidad de género, “puntualizando el reconocimiento legal de las personas trans en el Registro Nacional de las Personas”, agregó.

El taller es parte de los programas de Usaid que fortalecen la participación de grupos marginados en la gobernación a nivel local y nacional. Además influyen positivamente en otros sectores como la alimentación, la educación, el medioambiente y la salud.

Llevan tres meses de espera

Ávila confirmó que la comitiva trans se formó con apoyo de Unidos por la Justicia, un programa que contribuye a desarrollar las instituciones judiciales, de seguridad y de sociedad civil más efectivas y confiables.

Además, busca mejorar el acceso a justicia para las poblaciones más vulnerables: mujeres, personas con discapacidad, jóvenes, afrohondureños y comunidad LGBQI+.

“Es importante retomar las acciones, ya que hemos estado esperando más de tres meses que nos den una respuesta desde el acto de perdón”, dijo la directora de la Asociación Cozumel Trans, Rihanna Ferrera.

La activista afirmó que las organizaciones LGTB siguen esperando el procedimiento para hacer cambiar el nombre de las personas trans.

Ferrera agregó que la reunión fue “muy beligerante”.

“Hemos conformado una pequeña comitiva para darle seguimiento a este y otros temas que nos competen como organizaciones y personas trans, ya que somos parte de la sociedad hondureña”, dijo.

Según la miembra de la Asociación Muñecas de Arcoíris, JLo Córdova, las organizaciones están interesadas en que la sentencia se cumpla. “Como comunidad ya hemos entregado una propuesta a la comitiva. Solo está que avancen con esta propuesta. Ya estamos formando líderes también para ser voceros de la campaña del cambio de nombre en el país”.

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Diputada peruana y su esposa demandarán a Perú por negarse a reconocer su matrimonio

Susel Paredes se casó con Gracia Aljovín en Miami

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Susel Paredes y Gracia Aljovín durante una entrevista en televisión peruana (Foto de Latina.pe/cortesía de Susel Paredes)

LIMA, Perú — La diputada peruana del Partido Morado, Susel Paredes, y su esposa, Gracia Aljovín, anunciaron al Washington Blade que presentarán una demanda internacional contra el Estado de Perú por no reconocer su matrimonio celebrado en 2016 en Miami. 

La decisión la tomaron luego de un fallo del Tribunal Constitucional de ese país sudaméricano donde se les negó inscribir su vínculo legal en el extranjero. La pareja había presentado con anterioridad una solicitud para que el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC), que fue negado en una reciente y homofóbica sentencia. 

En el máximo tribunal judicial peruano rechazó reconocer el matrimonio de ambas mujeres con cuatro votos, mientras que otros dos jueces aprobaron. El fallo señaló que los “elementos esenciales” del matrimonio en el Perú son: “ser una unión voluntaria” y “ser celebrado entre varón y mujer”. Y que en consecuencia, “no puede reconocerse en el Perú un derecho adquirido en el extranjero que colisione con esta noción”. Además de argumentar que no pueden reproducirse. 

Algunas organizaciones calificaron el fallo como anti-LGBTQ+ porque además establece que “las uniones homosexuales no son matrimonios, por lo que no es discriminatorio no reconocerlas como tales” y que el TC no puede “introducir el matrimonio igualitario por la ventana porque esta es labor del legislador”. Al mismo tiempo, aclaró que si el Congreso quiere introducir el matrimonio entre personas del mismo sexo en Perú, debe hacerlo mediante una reforma constitucional.

Paredes junto con lamentar la decisión del TC reconoció al Blade “fue una mala noticia que  yo ya esperaba. Sabíamos que esto iba a pasar porque no sólo soy activista y diputada, soy abogada, entonces sigo los criterios. Uno puede predecir lo que va a pasar con una sentencia cuando hay jueces predecibles. Estos jueces son predecibles”. 

“La verdad es que es indignante. Porque yo pago mis impuestos, vivo con mi compañera hace años, tenemos una familia. ¿Entonces, cómo es posible que nuestra familia sea negada en su existencia? porque nosotras existimos”, agregó Paredes desde su oficina parlamentaria.

La congresista dijo al Blade a través de una videollamada que “en primera instancia vamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La comisión debe evaluar si califica y si califica a favor nuestro va la corte y en la corte se vota y estoy seguro que vamos a ganar”. 

Perú es uno de los pocos países de Latinoamérica que no tiene ninguna legislación y derecho  a favor de las personas LGBTQ+. Actualmente hay un proyecto de matrimonio igualitario durmiendo hace años en la Comisión de Justicia del Congreso nacional, presentado por el ex diputado gay, Alberto de Belaunde.

Paredes consultada por el Blade sobre si la sentencia del TC podría retrasar la aprobación del matrimonio igualitario en Perú, Paredes respondió que “sin duda alguna la derecha va a utilizar —el fallo—, y sus fundamentos, pero sus fundamentos son muy frágiles”. 

Similar opinión tiene De Belaunde. “El Congreso usará de excusa esta sentencia para no legislar sobre este tema. Si sienten mucha presión mediática, buscarán una suerte de unión civil patrimonial, donde no se reconozca la existencia de una familia sino solo de un patrimonio compartido. Figura absolutamente insuficiente, y que no será aceptada por las comunidades LGBT+ pues es casi un insulto a nuestros reclamos de ser reconocidos como ciudadanos plenos”, sinceró el ex congresista. 

Para él “la sentencia no solo busca negar el reconocimiento de derechos, busca hacer daño. Contra lo que ha dicho anteriormente el Tribunal Constitucional, se busca desprestigiar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos señalando que no debe cumplirse con sus opiniones consultivas”.

“Es una sentencia mediocre —desconoce conceptos básicos de derecho internacional privado— pero no por ello menos dañina”, sentenció De Belaunde al Blade. 

Ambos activistas coincidieron en que el Congreso peruano tiene poca voluntad política para tramitar el proyecto de ley. 

“Se han aprobado leyes que se han presentado muy posteriormente a la fecha en que fue presentada la ley del matrimonio, que ha sido en octubre del año pasado. Hay una voluntad política de impedir si quiere que se discuta”, enfatizó Paredes al Blade.

La directora ejecutiva de Presentes, Pía Bravo, una agrupación de defensa de derechos LGBTQ+ en Perú dijo al Blade que tenían expectativas con que el fallo pudiera consagrar el primer reconocimiento legal para LGBTQ+. 

“El Tribunal Constitucional era una oportunidad que perdimos”, lamentó Bravo.

“Creo que es un retroceso bastante grande y es un retroceso que lamentablemente vamos a tener que seguir, que seguir enfrentando y viendo que otros caminos, que otras vías podemos encontrar para que finalmente se apruebe este derecho tan necesario”, sentenció la activista.

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Las personas no binarias hondureñas existimos y resistimos

Diego De León vive en Honduras

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Las personas no binarias hondureñas existen y resisten (Gráfica cortesía de Reportar sin Miedo)

Reportar sin Miedo es el socio mediático del Washington Blade en Honduras. Esta opinión escrita por Diego De León salió en su sitio web el 14 de julio.

TEGUCIGALPA, Honduras — Soy Diego De León, tengo 18 años y soy una persona trans, no binaria y hondureña.

Ser una persona no binaria en Honduras es vivir en una constante guerra contra esta sociedad patriarcal. 

El reconocerme y aceptarme como no binarie me ha traído burlas, acoso, rechazo, invalidación, agresiones verbales y físicas.

Todo esto me ha hecho resistir aún más y luchar en contra de esta sociedad patriarcal.

En Honduras, las personas no binarias (y LGBTIQA+) contamos con muy pocos espacios seguros, vivimos en la vulnerabilidad. 

La religión ha afectado grandemente en mi vida y en la vida de mis hermanes no binaries y LGBTIQA+, nos violenta y niega nuestros derechos humanos.

Una de mis mayores luchas es que el Estado reconozca mi existencia como persona no binaria, libre de estigma y discriminación. 

Al no contar con una ley de identidad de género, se me invalida constantemente y, por lo tanto, se niega mi propia existencia. 

Así como muches hermanes no binaries, queremos iniciar un tratamiento de reemplazo hormonal y este procedimiento se nos complica.

Las personas no binarias existimos y resistimos.

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Defensores LGBTQ+ de Cartagena se reunieron con primera jueza trans de EEUU

Victoria Kolakowski es originaria de California

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Victoria Kolakowki, la primera jueza trans estadounidense, izquierda. (Foto de OrgulloLGBT.co)

OrgulloLGBT.co es el socio mediático del Washington Blade en Colombia. Esta nota salió originalmente en su sitio web.

CARTAGENA, Colombia — Victoria Kolakowki es originaria de California en los Estados Unidos y es actualmemte la primera mujer transgénero es ser designada como jueza de los Estados Unidos, un importante avance para la inclusión de las personas transgéneros. 

Bajo el liderazgo de la Embajada de los Estados Unidos en Colombia, la jueza visitó la ciudad de Cartagena, y tuvo la oportunidad de reunirse con activistas LGBTI de diversas organizaciones de la ciudad que plantearon su preocupación frente a los altos índices de violencia contra la población sexo diversa.

Según datos de la organización Caribe Afirmativo en lo que va corrido del año 12 mujeres trans han sido asesinadas y se registran altos niveles de violencia contra este colectivo. 

“El deber del Estado es proteger a las personas, no importa la orientación, la identidad de género o la nacionalidad, todos tenemos derechos a vivir en paz, y el Estado colombiano debe garantizar los derechos humanos de las personas LGBTIQ”, aseguró la jueza Kolakowski. 

Esta programación que permitió debatir temas como las políticas públicas y los retos para combatir la discriminación, hace parte de la conmemoración del mes del orgullo LGBT que organiza cada año la Embajada de los Estados Unidos.

Desde Juventud Diversa Radio primer y único espacio LGBTIQ del caribe colombiano, estamos comprometidos con promover el respeto y crear conciencia para que la sociedad cartagenera respete la diversidad.

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